lunes, 29 de marzo de 2010
Los planteamientos de Antanas Mockus
Pero antes, unas frases del mismo Antanas que resume mucho de su posición política, por si no alcanzas a llegar hasta el final.
Algunas frases de Antanas Mockus:
-Me encantaría que cada mañana, cuando un estudiante se levanta para ir a clase, comprendiera que allí, en su colegio o universidad, que cada maestro al dar la clase, o un papá al revisar la tarea por las noches, son los escenarios donde se juega la soberanía del país, la diferencia de poder futuro, no en la mesa de las negociaciones.
- No soy blando, soy un duro limpio.
- No me gusta que todo es negociable, comprable, como si el país se manejara a través de una lógica comercial.
- Es inaceptable históricamente la 'locha' tributaria de los hacendados colombianos.
- Un país más zanahorio, un país donde no todo vale, un país donde la productividad se eleva mucho y permite realizar los ideales a la Constitución porque la gente no se mata y porque la gente no toma ciertos atajos. Un país donde ley y cultura están más cerca, donde las obligaciones legales son culturalmente respaldadas: pagar impuestos, respetar el ordenamiento territorial, respetar, obviamente, los derechos fundamentales de los demás.
- El 'todo vale' es la peste de cualquier sociedad.
- A mí me parece grave que la sociedad colombiana no tiene la suficiente indignación frente a crímenes de lesa humanidad.
- El acto de votar es un acto delicado, y yo veo que la campaña electoral es como un acercamiento mutuo donde la gente se escucha y se olfatea; es una cosa en las dos direcciones. Lo más importante es que la gente debe gozarse su posibilidad de escoger.
- No ofrezco un camino de rosas, sino uno de consolidación. Es como si pusieran unos cimientos en piedra y concreto, y ahora tocara construir más o menos en las mismas proporciones con ladrillo y arena. Fortalecer la seguridad con los componentes de justicia y control social, y fortalecer además la educación, por razones de productividad y de competitividad, amerita un esfuerzo económico grande.
- En Colombia lo que tenemos que ser es corresponsables. Tenemos que cuidarnos entre todos, regularnos entre todos, para no hacer las cosas chambonamente. Es cultura ciudadana.
- Los recursos públicos son recursos sagrados.
- A mí no me gusta mucho que la democracia dependa mucho de la plata, y yo creo que la gente lo entiende y todos los candidatos deberían hacer esfuerzos no por gastar al máximo sino por gastar mucho menos. Eso haría la democracia más creíble. La democracia es debate y votar después de haber escuchado.
- Creo en la democracia deliberativa: argumento va, argumento viene. Los intereses, al volverse públicos, se moderan o se pulen.
- A mí no me da miedo aplicar la autoridad para hacer cumplir la ley. Pero la autoridad hay que aplicarla basada en la pedagogía, más que en la fuerza, porque eso es lo que la hace legítima.
Quien es Antanas Mockus
Antanas Mockus nació en Bogotá el 25 de marzo de 1952, hijo de inmigrantes lituanos. Aprendió a leer a los dos años de edad, estudió en el Liceo Francés, en la Universidad de Dijón y en la Universidad Nacional de Colombia. Tiene cuatro hijos y se ha convertido en el rostro del contra-político latinoamericano: efectivo, creativo, independiente y poco politiquero.
A mediados de la década de los noventa Antanas Mockus abrió un camino en política y en la administración pública muy diferente al que los colombianos estábamos acostumbrados.
Con el respaldo del voto de opinión llegó a la Alcaldía de Bogotá en dos ocasiones (1995-1997 y 2001-2003),. Logró la reducción de 70% en la tasa de homicidios, la disminución de 50% de muertes por accidentes de tránsito, el ahorro del agua (el consumo bajó en un 40%) además de subir el número de hogares con agua potable y drenaje (al 100 y 95%), y se mantuvo fiel a sus principios. El poder no lo distorsionó.
Con un carisma especial y una abrumadora inteligencia nos ha planteado elementales principios visionarios, como: la cultura ciudadana, la rumba zanahoria, el rechazo al atajo, el respeto a la vida, el cuidadoso manejo de los dineros públicos, la corresponsabilidad, la coherencia entre fines y medios, la educación como mecanismo para dinamizar la productividad y mejorar la equidad social, entre otros.
Su forma de hacer campaña política ha sido atípica. No se apoya en genios de marketing electoral, ni en empresas especializadas de estrategia de comunicación -tan común hoy en cualquier campaña política-. Apela a su intuición y a las ideas de personas de su equipo; combina arte y publicidad, y acude a símbolos, llegando a rayar con lo rocambolesco. Carece de maquinaria, aquella que aceitan la mayor parte de los políticos colombianos, y lleva cinco años construyendo el movimiento Visionarios por Colombia con la confianza de que son las ideas las que conquistan electores. Y en lugar de plata, lo que le sobra precisamente son ideas. Se toma el tiempo para comunicarlas y no teme a decir frases que quizás no sean las más vendedoras. Pedagogo por excelencia, olvida la milimetría política y los cálculos.
Sus consignas apelan a la honestidad y a la transparencia. No ofrece mercados, puestos, dinero, tampoco se explaya en promesas. Su discurso llama a los colombianos a la confianza. A una nueva forma de hacer política. Rechaza acuerdos diferentes a los programáticos, contradice la corrupción y promueve la cultura donde los dineros públicos sean dineros sagrados; o aquella de “no me pidas en privado, lo que no puedes sostener en público”.
La gente lo admira, lo reconoce y lo respeta. Como lo expresó la columnista Salud Hernández, en un editorial publicado en el periódico El Universal el domingo 23 de abril de 2006, “El ex alcalde de Bogotá se ha consolidado como paradigma. Es demasiado honesto para el estándar de la clase política".
Voto vital
"El poder del elector radica en su voto y sólo depende de él si lo usa bien, o lo usa mal. Donde votamos, influimos":Antanas Mockus.
Con Voto Vital se busca que la gente dimensione la urgencia de asumir su ciudadanía. Si los actores armados dominan y controlan las alcaldías y las gobernaciones, se deteriora la vida local, la descentralización se desprestigia, los recursos se despilfarran y la corrupción y la violencia cunden. Entonces, hay que lograr votar bien.
Conquistas históricas como el sufragio femenino logrado en los años 50, la apertura política generada por la Reforma Constitucional del 91 y los avances de la descentralización han sido importantes. Pero, especialmente dañina ha sido la aceptación casi generalizada del clientelismo como forma de construir solidaridad y lealtad entre los actores políticos.
Los consensos han dejado de ser resultado de la argumentación, por el “toma y dame” burocrático, y a pesar de las denuncias publicadas en los medios de comunicación y la acción de la justicia, las "mañas" políticas no se han logrado eliminar.
Voto Vital busca que la gente reflexione y se tome el tiempo necesario para decidir por quién votará, pues sólo tiene un día para hacerlo; pasadas las elecciones, tiene cuatro años para participar y exigir (planeación participativa, servicio estatal, atención al ciudadano, rendición de cuentas y seguimiento a las principales promesas de los candidatos).
El lema “Piensa tu voto, piensa tu vida” muestra la responsabilidad enorme que tiene el ciudadano cuando escoge a un gobernante.
Qué rechaza Voto Vital
-Presiones armadas
-Fraudes y suplantaciones
-Trasteos de votantes
-Compra y venta del voto
-Clientelismo
-Votos intimidados
-Voto encuestado
-Voto publicitado
…y toda práctica que conlleve corrupción y presión en el proceso electoral.
Voto Vital es una iniciativa de la sociedad civil propuesta en el mes de enero de 2007 por Visionarios por Colombia, bajo el liderazgo de Antanas Mockus. En total, 108 organizaciones respaldaron esta campaña con el objetivo de calificar el voto en Colombia: más racional, más personal, más ejercicio de la libertad.
Cultura de Paz
La Constitución consagra la paz como un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento. Quien se ha formado como ciudadano aporta a la paz cumpliendo sus deberes y reclamando pacíficamente sus derechos; es decir, aporta a la paz ejerciendo como sujeto legal. En muchas personas, tal vez en todas, hay un mandato interno a favor de la paz.
Pero también es posible reconocer y promover una cultura de paz. Hay cultura de paz cuando las actitudes o acciones contrarias a la paz son objeto de repudio social (desde formas muy leves de censura como fruncir el ceño hasta el ostracismo) que muchas veces le hace sentir vergüenza a la persona en cuestión. Hay cultura de paz cuando las actitudes y acciones pro-paz son objeto de reconocimiento social, generan confianza y buena reputación.
Uno no nace ciudadano. Uno se va volviendo ciudadano. La manera de hacerlo es tratar al otro –conocido o no– como ciudadano, corregirlo amablemente, dejarse corregir por él, reconocer sus comportamientos y dejar que él los reconozca en uno. Es parecido a como aprende uno a hablar. El camino es fortalecer las tres regulaciones: la legal, la moral y la cultural.
Aunque hay comportamientos que sólo son de conciencia (ejemplo: colocar limosna en una iglesia vacía), otros que solo son de cultura (ejemplo: respetar las reglas de etiqueta en la mesa), otros que sólo son de ley (ejemplo: presentar un papel que sigue siendo requisito porque la ley no ha sido derogada)– en la mayoría de las acciones humanas de mayor trascendencia intervienen las tres regulaciones y las correspondientes emociones (admiración por la ley, miedo a la multa, a la cárcel y a las otras sanciones legales, temor a la culpa, orgullo o satisfacción causados por reconocimiento social o vergüenza).
Ser ciudadano es aprender a sentir esas emociones y aprender a hacerlas sentir. Cultura ciudadana para la paz es cultura ciudadana aplicada a aquellas obligaciones legales, morales y culturales cuyo cumplimiento más rápida y eficazmente contribuye a que cese la violencia. Implica superar el divorcio entre ley, moral y costumbre (cultura) por ejemplo frente al homicidio (la muerte intencional). “La vida es sagrada” es un ejemplo de invitación a movilizar conscientemente mecanismos positivos y mecanismos de sanción legales, morales y culturales a favor de la protección de la vida.
Respeto total a la vida: El gran desafío de Colombia es dar plena vigencia al artículo 11 de la constitución nacional: “El derecho a la vida es inviolable; no habrá pena de muerte”. Para ello es importante buscar los caminos para reducir significativamente la violencia. La tarea central es volver a crear mecanismos de autorregulación social y cultural que hagan que las personas no amenacen ni destruyan la vida.
Superación del atajismo y coherencia entre fines y medios: Salirse de las reglas para obtener resultados a corto plazo es un atajo, el cual viola las normas morales, las reglas sociales o las leyes para lograr algo. El que lo practica puede conseguir algunos beneficios individuales, pero produce grandes costos sociales al provocar en los demás la tentación de usar el mismo procedimiento.
Coherencia entre la ley, la norma y la costumbre: Para que las reglas sociales se cumplan sin conflictos ni contradicciones es importante que la ley, la norma moral y la costumbre sean coherentes entre sí. Cuando el Estado no ha ganado el respeto de los ciudadanos, es fácil que se generen normas o prácticas que se aceptan socialmente pero son legal y moralmente inaceptables. Para recuperar el respeto a la ley y a las normas, es importante transformar las costumbres y hacer ver las implicaciones morales de ellas.
Mayor equidad por la vía de la educación: La inequidad no es sólo un problema de repartición de bienes y dinero. Uno de los principales factores que generan diferencias sociales se da en las posibilidades que tienen las personas en el acceso al conocimiento y a una formación que contribuya al desarrollo de la autonomía.
Respeto a la Justicia: Los jueces son los guardianes del Estado de Derecho. El respeto y el fortalecimiento a la rama judicial son indispensables para reducir la violencia y la impunidad. Un Estado fuerte y justo, capaz de cumplir y hacer cumplir la ley, hace valer los derechos y deberes y asegura la provisión de bienes y servicios públicos. La protección y el apoyo social a los jueces ayuda a consolidar un Estado que no amenace ni se deja intimidar.
miércoles, 3 de marzo de 2010
¿Por qué voy a votar por el Partido Verde?
Entre tanta sonrisa postiza, valla excesiva y promesa trillada, se me vinieron encima las elecciones de consulta de partido, senado y presidente, y claro está, ya va siendo hora de definir por quien iré a votar. Aunque siempre he tenido claro por quien no lo haría, no tenía tan claro cuales eran mis opciones más posibles. Sin embargo, en estas últimas semanas mi elección ha empezado a ser más clara, y por ello agradezco al partido liberal y conservador, pues realmente me han facilitado las cosas cuando veo no solo la sarta de clichés politiqueros y anacrónicos que aducen sus candidatos, sino también cuando veo, las actitudes poco constructivas de sus aspirantes que paradójicamente hablan de paz con actitudes de guerra incluso entre los mismos aspirantes del mismo partido, lo que me parece ya increíble y salido de cualquier proporción. Además porque, al igual que el Polo democrático, me demuestran que pese a su crítica constante al gobierno actual de haber destruido completamente el concepto de institución para favorecer el concepto de mesías que en nuestro país siempre ha calado tanto, los egos políticos definitivamente, no quedan de lado, y me hacen pensar que el resultado en este aspecto, no sería muy diferente al que ya tenemos: Por un lado, el de un gobierno que se redujo a la figura de una persona, pasando de largo ante la robustez y el respeto que merecen las instituciones que son la garantía de un estado regido por sus leyes y por su constitución por encima de los deseos y las pasiones de sus gobernantes que siempre serán subjetivas, y por otro lado, el de una sociedad que se le olvidó su potencial reflexivo y crítico ante la propuesta pobre de entender las problemáticas sociales y políticas como un juego bipolar, en el que solo existen dos extremos en un ring de boxeo y que automáticamente implica la intolerancia y el rechazo radical ante la forma de pensamiento de aquel que se encuentra en el ring opuesto. Sin importar, si es la izquierda o es la derecha, cada una de ellas ya tiene su banca de tres patas en su lado respectivo del ring, y la verdad ya me cansé de tanto round mediático y manipulador, carente de un carácter realmente constructivo que mire más hacia adelante y menos hacia atrás, y que busque menos argumentos para defender las mismas posiciones polarizadas que siguen argumentando una única forma de entender el papel del individuo en nuestra sociedad y sus responsabilidades con ella (si es que realmente le entrega algunas). Es gracioso, ver como de un lado o del otro, se critican mutuamente, pero haciendo uso exactamente de las mismas prácticas que le critican a su artificialmente creado, polo opuesto. Me parece, que esta situación, nos convierte en una sociedad no muy diferente a un hámster que gira y gira interminablemente dentro de la misma rueda, sin poder hacer transformaciones realmente productivas en su forma de vida. ¿Por qué habríamos de vivir distinto, si pensamos de la misma manera?. ¿Por qué no deberíamos tener grupos violentos si la propia ira nos haría jalar del gatillo?, o ¿por qué deberíamos ser un país mas pujante si la gran mayoría, en mayor o menor grado, somos tramposos y cómplices de actos de corrupción mínimos, cuando realmente desde el punto de vista del hecho como tal, no hay diferencia entre una adjudicación comprada de contratos y el soborno al policía para que no nos quiten la licencia de conducir?, o ¿Por qué debería un partido político de la izquierda o la derecha rasgarse las vestiduras cuando se descubren actos de corrupción o clientelismo del otro, cuando hasta el cansancio se han demostrado dichos actos de parte y parte?.
Esta no es una reflexión con anhelos y delirios de grandes cambios en las masas y en las instituciones, sino por el contrario, con el modesto, pero suficiente para mí, carácter transformador de mi propio pensamiento. Creo que es por ahí que deberíamos empezar para realmente cambiar el país. La verdad no creo, en mesías políticos, ni en propuestas carentes de pluralidad y respeto por la heterogeneidad y la diferencia. Tampoco creo en propuestas de soluciones que se encuentran repletas de argumentos vacíos de compromisos ciudadanos, prometiendo que todo será arreglado desde el Estado, y con completa nulidad de planteamientos que inviten y orienten la transformación cultural de aquello que nos hace tan “colombianos” y a la vez tan nocivo para la creación de una sociedad tolerante, en paz y justa. Desafortunadamente lo característico del colombiano no es solo la papaya madura y el loro verde que acompañan los comerciales precarios de “Colombia es Pasión”; nos caracterizan también otras cosas que valdría la pena cambiar. Creo que para la solución de aquellos problemas innegables de violencia, inseguridad, pobreza, entre muchos otros, que nuestros candidatos tradicionales usan como corbata de vestido de oficina, habría también que trabajar en aquellos problemas culturales y habituales de los que ya no hablamos, porque creemos que el problema es del otro.
No obstante, todo lo anterior, estoy convencido, del surgimiento de una nueva forma de mirar de muchas personas, muchas de ellas de nuevas generaciones y también muchas de ellas de generaciones no tan nuevas, pero igualmente personas que se han permitido pensar de formas distintas a las que nos dijeron nuestros abuelos, eso sí, con la mejor intención; (espero no herir susceptibilidades de las facciones mas conservadoras). Creo también que estas nuevas formas de mirar, están dejando de creer en las posiciones dualistas y radicales, son más incluyentes que excluyente de pensamiento y están convencidas del poder del acto creativo y la implicación personal, para apoyar causas que consideran justas y necesarias.
A esta nueva forma de pensar, me parece que responden propuestas como las del Partido Verde, o al menos, esa es la sensación y la esperanza que me genera, y voy a explicar por qué a mi juicio, lo hace.
Por el balance de capacidades de quien lo conforma. Cuando pienso en la posibilidad de un partido político compuesto por la diferencia y la sinergia y el complemento, de dicha diferencia, me lleno de entusiasmo. Dicha diferencia y sinergia productiva la veo en dos planos: Por un lado, en el plano de lo disciplinar, pues combina la mirada pedagógica y la mirada gerencial. Por otro lado, en el plano ideológico, pues intenta acoplar con respeto la posición de la derecha y la posición de la izquierda e intentan sacar lo mejor de cada una. En lugar del desgaste por el ataque y el descrédito de la ideología contraria, intentan construir desde la diferencia.
Porque no solo se trata de capacidades, sino de experiencia demostrada en gestión administrativa, transformaciones culturales, inversión en infraestructura útil para la gente e inversión social también para la gente. Nadie puede desconocer los profundos cambios logrados en una ciudad como Bogotá, en ambos sentidos. (Esperemos que quede algo después de un gobierno como el del actual alcalde). Claro, (y este contraargumento me lo se de memoria), muchos dicen, que no se puede comparar a Bogotá con Colombia. En mi opinión, una ciudad como Bogotá es un modelo a escala muy claro de un país como el nuestro, en muchos sentidos. Estos tres gobiernos, fueron consecuentes y constructivos con su predecesor, construyeron sobre lo construido y mantuvieron un balance entre la infraestructura y la inversión social en alimentación y educación. Lograron construir y mantener el cambio, de pasar de ser una ciudad de nadie, a ser al menos una ciudad en la que la mayoría ya siente algo de suyo. Pasó de ser una ciudad odiada por los de afuera y los de adentro, para ser una ciudad apreciada por sus posibilidades de negocios y sus posibilidades de cultura. Es claro que no es la sublimación de la perfección, pero también es claro que es la materialización de cambios importantes, producto de un hacer y un pensar distinto, que caracterizó a estos tres gobernantes y administradores.
Porqué como ya lo dije, me “mamé” de los discursos polarizados y destructivos sobre el otro. Porqué este partido me ofrece un discurso y un planteamiento distinto.
Porque si queremos un país diferente, necesitamos antes que nada, transformación cultural y pedagogía que nos posibilite cambios reales y sostenibles desde la sociedad misma. Por que los cambios empiezan por nosotros mismos y porque desde adentro tenemos que dejar de ser cómplices, intolerantes, violentos, tramposos, facilistas e individualistas en aquello que vaya más allá de nuestros propios intereses personales, para dar paso, al respeto y la participación por el otro.
Porque me convence el respeto entre las partes que lo conforman y porque creo en la importancia de ver en el otro, antes que un adversario, un compañero de equipo que tiene que aportar desde su propia experiencia y mirada.
Porque me encanta imaginar un país gobernado por más intelectuales que por políticos baratos.
Porque su posición de pedagogía y gestión refleja un mayor interés por las obras que por el circo mediático.
Porque abiertamente propone la inclusión en su agenda política y su compromiso, por el tema del medio ambiente y su defensa y cuidado
Porque propone que la solución de los problemas parte no solo de las políticas y decisiones del estado, sino de la implicación y papel activo de la sociedad misma.
Porque no están intentando convencerme de votar bajo la dinámica de un “mesías” criticando a otro “mesías”. Por que no proponen desde la destrucción de lo que hizo el actual gobierno, sino que por el contrario, ha venido proponiendo desde tiempo atrás la construcción sobre lo construido. Que curioso que antes de la declaración como inexequible del referendo reeleccionista, por parte de la Corte Constitucional, los discursos de los candidatos del partido liberal y polo democrático, estaban plagados de descréditos y críticas rígidas y sin matices al gobierno actual; no obstante, como por arte de magia, una vez desaparecido el angustioso para ellos, fantasma de la reelección, los resultados y los aciertos del gobierno empiezan a germinar en sus declaraciones, como intentando regalar una flor con aroma de ruego por el voto ante una sociedad marcadamente uribista. Tampoco estoy de acuerdo con la posición acomodada de algunos candidatos del partido conservador y de la U, que usan el gobierno de Uribe como la ubre hinchada de una vaca, para hacer proselitismo, asumiendo que todo es perfecto y queriendo mantener ese ánimo “furibista” de muchos colombianos. También considero, bajo la misma posición constructiva y no polarizada que he venido defendiendo, que hay que dar a Cesar lo que es del Cesar y reconocer a este gobierno los logros alcanzados. En torno a esto, las declaraciones y posiciones de los integrantes del Partido Verde, y también de Sergio Fajardo, fueron los únicos, que realmente desde un principio mantuvieron una postura justa y limpia con el gobierno actual, reconociendo los desaciertos como aspectos por ajustar y los aciertos como aspectos por mantener y fortalecer. Me parece que estos fueron los únicos que realmente asumieron una posición seria frente al tema, y no la asumida por el resto de partidos, parecida a la de los niños que exhiben una bicicleta nueva con arrogancia o la de los otros que la miran con envidia.
Porque no se ha aprovechado de las dependencias entre la política y los medios de comunicación, para ser cómplices del cierre de medios de expresión (aduciendo únicamente razones económicos del medio), que puedan atentar contra la credibilidad oficialista del gobierno actual y que puedan afectar la herencia de la popularidad hacia su candidato, que continuaría con el oficialismo actual, asumiendo una actitud solapada de “tiro la piedra y escondo la mano”, haciendo creer a la opinión pública de no haber relación alguna entre los intereses políticos del candidato y los nexos del mismo con el medio.
Porque están convencidos de la importancia de continuar con firmeza la lucha contra el terrorismo y los actos de barbarie de los grupos ilegales, sea cual sea, pero también, de que las armas no son la única “herramienta” por usar y que este único frente de batalla es insuficiente para acabar con el problema de raíz. Por que entienden que de nada sirve acabar con los grupos armados, sino se transforman las realidades sociales, económicas y culturales actuales, sobre las cuales dichos grupos se justifican. Por que esta mirada mas amplia e inteligente del problema me hace entender que, este tema no puede ser el único que justifique un voto, como lo presentan varios candidatos del partido conservador, y obviamente el partido de la U; es gracioso ver, como ambos lados, hablan como si los demás candidatos, estuvieran pensando acabar con la fuerzas armadas del estado al otro día de la posesión presidencial. Sería bueno que dichos candidatos, no creyeran, al menos, que todos los colombianos somos así de inocentes y primarios. Es claro, que la paz, no se ruega, y que debe generarse en ambas partes, la necesidad de lograrla, pero también es claro, que trabajar solo en el frente armado, es demasiado simplista e inútil. Creo que en muchos casos históricos y actuales ha sido demostrado en el mundo.
Porque tiene claro que acabar con los grupos armados, es solo la punta del iceberg, que ese no es el único problema por atacar, porque de hacerlo así, sería como quitar el tumor, pero no darnos cuenta que hay metástasis.
Tengo que confesar, que también estuve tentado a votar por Sergio Fajardo, pues escuchando su discurso y sus posiciones, me parece que están muy acordes con las del Partido Verde. Me parece que también proponen una mirada distinta, constructiva, respetuosa, pedagógica y firme. Sin embargo, me desilusiona ver, que ante la posibilidad de aglutinar un mayor volumen de votantes que haga un real contrapeso a los otros partidos, aduzca, la “necesidad primaria” de no defraudar a sus seguidores y por tanto de no someterse a alianzas ni consultas de partido. Pensaría yo, que los seguidores antes que seguir a una persona, siguen una propuesta, una forma, un ideal, o ¿es que en la práctica, Fajardo aplica esa mirada arrogante, egocéntrica, mesiánica y desconocedora del potencial del grupo ante la de la glorificación de la persona, que tanto ha atacado del gobierno actual?. Por esa falta de coherencia demostrada frente a los medios para lograr una posibilidad real de aplicar una forma distinta de hacer política y de gobernar, deseche esa opción.
Finalmente, por que creo que si es posible hacer cambios y transformaciones importantes en las formas de gobernar y de asumirse ciudadano, construyendo productivamente, desde la diferencia (de hecho sociedades como Chile y Brasil parecen demostrarlo), es que voy a votar por el Partido Verde. Soy consciente de que que el logro de un objetivo, depende de iniciar la construcción de su ejecución. Por lo tanto, la mejor manera de lograrlo, es empezar por mi , por mi transformación de pensamiento y mi transformación de acción atráves de mi voto. Si no creyera en la importancia y el poder de hacer un voto a conciencia y autónomo como este, basado en la propia convicción, más que en la de la masa, realmente no se podría transformar nada, y sería como si no creyera en nada de lo que he dicho hasta aquí.
Gracias por su lectura.
¿Buena “Noche” y buena suerte Colombia?, la importancia de la responsabilidad de los medios y no de sus posturas políticas y económicas
Me referiré al entendimiento de un sistema social en el que presentan una serie de actores interrelacionados por el efecto de la comunicación; el caso de nuestras sociedades modernas, son estos actores, entidades u organizaciones que institucionalizan los procedimientos de la comunicación del individuo. Se presenta el concepto de medios de comunicación de masas y al mismo tiempo el de líderes de opinión, siendo estos segundos una especie de replicadores y/o transformadores de la información influyendo directamente en las redes de comunicación directa. Entendido estos conceptos, me parece importante la idea de entender la diferencia entre un sistema tradicional (en el que el flujo de información es fragmentado, depende de los relatos de historia y de configuraciones de jerarquías sociales), un sistema de transición (en el que el flujo de información parte de los centros de medios de masas hacia líderes de opinión no profesionalizados y con poca comunicación entre ellos, generando fragmentación y cierto atraso en el flujo de comunicación) y un sistema moderno en el que la información fluye de forma interdependiente entre los medios de comunicaciones de masa, los líderes de opinión y los individuos. En este punto me pregunto, si las redes sociales, en el plano de lo político y del activismo individual y colectivo (piénsese en las marchas contra las Farc y el Paramilitarismo), en el que quiero analizarlas en este texto, podrán ser consideradas como parte de este sistema, y por tanto que tanto fortalecen la idea de modernidad y de interdependencia.
Más allá de si el nuestro es un sistema moderno, me llamó mucho la atención la idea de “tensión social” que mantiene las interacciones entre las entidades e instituciones y que de alguna forma define el contenido de las comunicaciones que determinan un valor social común. Entender que la “tensión social” se define desde las redes de comunicación, los medios, los mensajes y los responsables de la circulación, y que esto a su vez define la homogeneidad de una cultura, me lleva a pensar en hechos como los de las marchas convocadas por facebook y en programas como “La Noche” del canal RCN. Cuando entiendo lo problemático del concepto de “tensión social”, al mismo tiempo se me vuelve problemática la credibilidad de estos medios de comunicación, el primero desde la autonomía y la independencia que supone una red social y el segundo desde la dependencia económica de los patrocinadores y dependencia política del estado, que supone un medio de comunicación privado. Mis preguntas hasta aquí entonces, son, por un lado que tan independiente pueden llegar a ser los medios y no solo hablo de los privados e institucionales, y si pueden realmente llegar a serlo, que les garantizaría tal independencia?.
Obviamente esta mirada es más relevante aún, cuando se contextualiza dentro de la política de seguridad democrática del gobierno actual, su necesidad y logro constante de aceptación a ultranza no reflexiva de las masas y por tanto de su necesario esfuerzo y potente despliegue mediático expresado por ejemplo en su forma más básica: la de los consejos comunales. Ver todo este escenario de actores interdependientes, me da una idea muy clara en la práctica de lo que puede significar la “tensión social”.
Aparece entonces la pregunta, más que crítica, reflexiva, sobre si de alguna forma este sistema abierto, se presta para generar versiones improvisadas, cotidianas, sutiles y democratizadas (pues ahora puede hacerlo cualquiera desde una red social) de caserías de brujas como la que en los 50, se generaron en Estados Unidos desde las comisiones del senado que vigilaban comportamientos “antiamericanos” y que se ve claramente en el film que revisamos para esta sesión. Ahora, no los llamamos “comunistas”, sino “idiotas útiles” desde los discursos informales o “colaboradores” desde los discursos más formales e investigativos.
Si bien hasta acá he tocado el ángulo que apoyaría un discurso a través de los medios, intentando sostener cierta homogeneidad de pensamiento y opinión pública y social, vale la pena también comentar el ángulo que por el contrario hace denuncia constante. En este tema, si que veo más diálogos con el film revisado, pues me hace pensar en posiciones de medios como las de Canal Uno, y sus centros de noticias como Noticiero CM& y periodistas como Daniel Coronel. Creo que vale la pena detenerse y pensar en qué grado su labor periodística es estigmatizada de un lado o del otro, y en qué grado realmente logra exponer “las tácticas” mediante las cuales se mantiene dicha “tensión social” o se queda nuevamente en intenciones politizadas desde otro lado.
Creo que este problema es el que me pareció más interesante del film, dado que expone la intensión de este grupo de periodistas por buscar la verdad y exponer los métodos, las injusticias y las atrocidades políticas de un sistema, más allá de tomar una postura política. Me parece importante no perder ese enfoque de la mirada, pues en un gobierno como el nuestro, en el cual “el fin justifica los medios”, vale la pena exponer e intentar hacer reflexionar a las masas atraídas por imaginarios mesiánicos, de la naturaleza y efectos de esos “medios”. La pregunta aquí es, si ese realmente es el logro de los medios de oposición en nuestro país. A veces siento que simplemente juegan el mismo juego con diferentes fichas.
Si hay algo que he detestado del aire político que nos inunda desde hace 8 años y que se respira tanto en los programas de opinión como en las reuniones de tinto que materializan nuestra cotidianidad, es esa configuración continua de polos opuestos intentando cazar “brujas” ante posturas contrarias. Lo más curioso es que siempre se está expuesto a que de un lado o del otro se terminen recibiendo encasillamientos que además son producidos desde los mismos medios de comunicación. Por un lado me parece que se ve nuevamente en esto, expresado en la práctica, muchos de los planteamientos de los textos revisados. Por otro lado, me parece que una mirada crítica y responsable de la función de los medios en una sociedad como la nuestra, no debería perder de vista que si bien no puede dejar de ser política por la misma interdependencia, al menos, esta no debería ser politizada.
Por último quisiera rescatar unas frases del film que me parece que resumen lo expresado aquí y que además cuadran de forma perfecta en la dos miradas que he querido desarrollar.
“..Él no creo la situación de miedo, solo la explotó y con éxito…”. “… acusación no es prueba. La condena depende de la evidencia y del proceso legal”. “No se trata de asumir una posición, sino de esclarecer el medio y la forma de hacerlo justo”.
“… la gente quiere entretenimiento, no lecciones cívicas…”. “Intento mantener socios que patrocinan el entretenimiento”… “intento mantener las licencias con los políticos que tu atacas”.
¿Produce el cine una real anulación de pensamiento autónomo?
La pérdida del aura, en la que se refiere a la pérdida de la autenticidad, la falta del aquí y del ahora, y el carecimiento de la autoridad consecuente. Interpreto esto, como la falta de espontaneidad y de realidad de la situación que precede o compone la realización de una obra. Para Benjamin, la reproducción de la imagen se resume a una serie de eventos planeados, carentes de apego a la tradición y al rito, para dar paso a articulaciones artificiales que no solo ya no conservan el valor y la emocionalidad del instante, sino que tiene una especie de agenda propia, en términos de lo que desea generar en su público. Parece temer al desaparecimiento de la sensación espontanea y autónoma del público al ser expuesto a la imagen, para dar paso mas bien a una manipulación de esta sensación, desde una definición inicial de la intención de quien produce la copia, sea esta una fotografía o una película de cine.
Por otro lado y complementario con lo anterior, otro aspecto que lo preocupa, es la posición que toma el público que “enjuicia” una obra, sin tener ningún contacto directo y real con ella, ni con las personas que participan. Sostiene que el contacto directo no es con las personas que participan, en el caso del cine, el actor, sino con el aparato que reproduce, por lo cual hay completa ausencia del cualquier valor cultural. Además la relación con el público se reduce a la intención de reproducir un discurso dentro de un mercado, apartando totalmente el valor del arte. Esto genera una disminución en la importancia social del arte y por tanto también la disminución de la posibilidad real de crítica.
Particularmente en el caso del cine, Benjamin señala como este produce una nueva lógica de percepción, la cual se basa en mostrar dimensiones y situaciones que antes no eran perceptibles dentro de la cotidianidad del observador. No obstante, no deja de resaltar la artificialidad que puede caracterizar este tipo percepciones producidas.
Aparte de estas consideraciones críticas de Benjamin, me llamó sobretodo la atención las apreciaciones que él trae a colación de Duhamel sobre el cine, dado que nuevamente me permite hacer nuevas preguntas relacionadas con mis intereses de investigación. Como interpreto estas consideraciones, Duhamel sostiene que el cine es ante todo un bombardeo de imágenes que impiden el pensamiento autónomo y la reflexión sobre lo observado. Además, para él, el cine no supone continuidad de las ideas, ni el abordaje serio de problemas.
Cuando analizo estos planteamientos pienso nuevamente si realmente, la industria del cine y de la publicidad, podrían tener alguna capacidad transformadora y creativa. Para dejar clara esta inquietud me sirve la película Avatar sobre la cual en la clase pasada algo logramos comentar. Ya es sabido que una película como esta plantea argumentos en los que se expone la naturaleza depredadora de recursos y de irrespeto por el otro, por parte del ser humano. Así mismo, de alguna forma “denuncia” el desconocimiento de otros saberes que permitirían el respeto y la sostenibilidad de recursos y de convivencia. Si una producción cinematográfica como esta, la enmarcamos dentro de las actuales problemáticas sociales y ambientales, podría pensarse que este tipo de mensajes esparcidos mediante el poder multiplicador y penetrante de una industria cultural como el cine, ofrece al público ciertos puntos de fuga hacia la creación de una mayor conciencia social y ambiental.
Sin embargo, si miramos un poco hacia atrás, podríamos encontrarnos con producciones en formato beta o vhs, de la película “Danza con Lobos” del año 1990, en la cual, si observamos con atención, vemos argumentos muy similares a lo que vemos hoy con mucha más tecnología y pirotecnia de por medio. Esto nos demuestra que este tipo de mensajes, no son realmente nuevos, sin embargo pareciera que su efecto no pasara de la sensibilidad de corto plazo presente entre crispetas del teatro o de preparación casera en los formatos audiovisuales domésticos. Este pareciera ser el único alcance real de mensajes que buscan tocar la sensibilidad y la conciencia del público, no pasando de convertirse en un producto, altamente rentable dadas las condiciones actuales. Pareciera manifestarse aquí la comercialización de la subjetividad a través de la industria cultural, despojando a una obra de verdaderos potenciales de cambio y de resistencia. El día de hoy, casualmente tuve la oportunidad de conversar con alguien que convivió un tiempo con tribus de indígenas kogui en la Sierra Nevada de Santa Marta, quien me compartía su experiencia de presenciar como los indígenas ofrecían periódicamente un rito de “siembra de ríos”, que consiste en ofrecer y enterrar en determinados puntos, unas piedras que consideran sagradas, con el fin que en ese lugar se produzcan nuevos nacimientos de agua. El hecho es que según la persona que presenció estas actividades, efectivamente en cuestión de meses, dichos nacimientos realmente se producían. Independientemente de que decidamos creer o no en este tipo de relatos, el punto es que me llamaba poderosamente la atención el valor que quien me relataba el testimonio, le daba a dicho hecho, resaltando las ideas sobre las cuales una comunidad como la de los indígenas Kogui, sustentan estas creencias. Estos sistemas de valores no se apartan mucho de aquellos sobre los cuales se quieren soportar los guionistas de una película como Avatar; sin embargo me parece que no es comparable la posibilidad del contacto real con un hecho como el de la “siembra de ríos” y el ensamble técnico de una película como Avatar. Por lo tanto, pienso que tal vez, la pregunta de fondo no sería el papel de la industria cultural del cine en la reproducción de un mensaje como este, sino más bien, lo que hacemos los públicos con el mensaje. Tal vez una pregunta de fondo sería, por ejemplo que hacen un profesor de primaria con sus alumnos teniendo entre ellos la experiencia fresca de haber visto una película como Avatar?, es posible crear conciencia a partir de la revisión de la apropiación y reapropiación de este tipo de mensajes, en este caso por parte del público infantil?. Creo que en este caso, se hace relevante entonces el concepto de las mediaciones más allá del de únicamente el medio.
Por lo tanto, me parece por ejemplo que en un problema de investigación como el mío, valdría la pena por ejemplo, revisar el contenido que en redes sociales, existe alrededor de una película como Avatar, pues con seguridad se encontrarán allí apropiaciones y reapropiaciones compartidas del mensaje que podría dar luces sobre el verdadero alcance de su reproducción a través de una industria cultural como el cine. Adentrarse un poco en ese “compartir” de percepción que supone una red social, permitiría de alguna forma mirar de forma concreta que tanta razón tenía Duhamel frente a la imposibilidad de pensamiento autónomo que produce el cine.
¿Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia?
Leer un artículo como “La Industria de la cultura: Ilustración como engaño de las masas” de Adorno y Horkheimer, siempre genera una sensación extraña en mi y básicamente por dos razones: En primer lugar, la realidad a la que he estado expuesto desde que nací a estado compuesta de medios. No experimenté el antes y el después de un medio de comunicación, e incluso diría, tampoco el de una industria cultural, excepto tal vez por al auge ascendente de la red virtual. Al igual que para muchos contemporáneos míos, la radio, la televisión y el cine simplemente son “otros compuestos del aire” los cuales damos por sentado y sobre los cuales se desliza nuestra cotidianidad diaria. En la práctica del mercadeo, se aprende que los medios, de nuevo, al igual que el aire, no solo son básicos sino que son la única forma de “sobrevivir” en la vertiginosa carrera por el posicionamiento en el mercado y el logro de la elección por parte del consumidor. En síntesis, ese “aire” en el que se convierten los medios para mi cotidianidad y para la de muchos, en principio son una de “las paredes” que arman mi “realidad” tangible; es difícil imaginarse la realidad sin ellos. Por lo tanto, la sensación extraña a la que me refería al inicio, es que inicialmente, siempre siento en Adorno un tono en demasía crítico, amargo, pesimista y hasta apocalíptico. Lo curioso es que siempre, inmediatamente después comienzo a comparar sus planteamientos con la realidad de los medios hoy, y me sorprendo de cuanta razón puede llegar a tener en muchos de sus planteamientos. Siempre es beneficioso, hacer ese giro, para mirar críticamente lo que consideramos como real, y siempre, un texto como el analizado en esta ocasión, es una oportunidad para afinar esa capacidad crítica. Por otro lado, ver una película como “Días de Radio”, me permite no solo ver en “escena” muchos de los planteamientos de Adorno, sino que también me permite ver de que forma, yo como individuo, vivo mis propios días de radio; claramente las situaciones son distintas, los medios preponderantes han cambiado y la forma en que nos relacionamos con ellos son distintas, pero en la esencia de la dinámica de las industrias culturales, muchos aspectos se mantienen. Por lo tanto a continuación deseo entonces denotar tres aspectos que más me sorprenden, entre muchos que plantean los textos, haciendo ciertas articulaciones con casos que veo en mi cotidianidad, desde una mirada crítica.
En primer lugar, me llama la atención la dependencia económica entre medios que configuran el sostenimiento de la dinámica de las industrias culturales. Para Adorno es una característica clara de las empresas de radiodifusión, su dependencia con otras industrias, que se evidencia en el aspecto económico y que trasciende el aspecto y la dependencia con la política. Pienso entonces en casos como el que acaba de generase la semana pasada en nuestro país. Un medio como revista Cambio, que de alguna manera ha generado una posición crítica ante el gobierno actual, sorpresivamente en época preelectoral decide cambiar su enfoque y eliminar de su nómina a sus más directos responsables. Alrededor se tejen muchas teorías, pasando por la más obvia, claro está, la de responder a una solicitud del mismo gobierno de eliminar esta como una de las fuentes principales de dolores de cabeza en materia de opinión pública. Esta tesis, parece bastante obvia, y no sería de extrañar, sin embargo me llama mucho la atención otra tesis, que en relación con nuestro tema de análisis en este texto, tiene mucho que ver; si pensamos en la Casa Editorial El Tiempo, recientemente comprada en su mayoría por Grupo Planeta, y siendo este uno de los principales grupos empresariales con hambre de canal de televisión, mal podría atacar a quien se configuraría como el principal decisor en el otorgamiento del canal. Antes de pensar en las causas políticas del redireccionamiento silenciador de una revista como Cambio, valdría la pena pensar en las causas económicas que desde el negocio, puede llevar a que un grupo económico, decida tomar tales decisiones. He aquí, me parece a mí una manifestación de la dependencia que caracterizan a las industrias culturales.
En segundo lugar, me llama la atención el planteamiento de considerar las industrias culturales como una reproducción en cadena, que de alguna forma normaliza y manipula la conciencia individual. La industria define las reglas y hace uso del cliché para mantener los estereotipos funcionando, mediante el uso de la técnica, configurando “el estilo” que destruye la verdad de las obras y obedece a jerarquías y categorizaciones. Esto le permite, siempre regresar y mantener la norma, bajo la excusa de ser esta la que desean las masas, cuando fue ella la que definió sus deseos. De esta forma a los públicos se les impone autoritariamente programas y productos que en su esencia no se diferencian en nada, mientras que al mismo tiempo cualquier manifestación de creatividad y diferencia por parte del individuo es absorbida y devuelta al público como un nuevo componente de la conciencia colectiva que dicta patrones de comportamiento y estilos de vida “dignos” de ser imitados. En este aspecto no puedo dejar de pensar en la cultura telenovelera que caracteriza nuestro país y que define las parrillas de dos canales de televisión cuyo tal vez el 90 % de su programación se dedica a telenovelas. No obstante, esta cultura telenovelera, no se limita a la ficción del drama como tal, sino también al manejo de la noticia misma, la cual muchas veces carece de objetividad periodística, al convertirse más bien en una especie de show sensiblero que deja de lado el hecho de la noticia, para convertirlo en un show y un espectáculo que amerita la inversión publicitaria gracias a las posiciones altas de rating. No puedo dejar de pensar por ejemplo el despliegue barato e irrespetuoso que hizo noticias RCN de la tragedia en Haiti el mes pasado, en el cual, lejos de informar y respetar la situación de tragedia de otros o de servir de enlace de ayuda entre países y entre culturas, se dedicó a realizar un cubrimiento amarillista que incentivaba en el público una frase típica de estos “días de televisión”: “Esta noche las noticias si van a estar buenas”. Frases como esta, justifican para las industrias culturales, ofrecer un show trágico y repleto de morbo por el sufrimiento ajeno, disfrazado de noticia y de realidad. De esta lógica se desprende ese continuo “Jingle” publicitario de: “RCN el primero en llegar al lugar de la tragedia”; me pregunto, entonces, acaso el cubrimiento de la noticia de una tragedia, es una vara de premios por alcanzar?.
El tercer aspecto en el cual quisiera concentrarme, y el cual es tal vez para mi, más interesante, dados mis intereses de investigación, tiene que ver con el espejismo de la satisfacción de necesidades que ofrecen las industrias culturales. Hay tres elementos que menciona Adorno en el texto y que también se evidencia claramente en el film de Woody Allen, que mantienen esta idea del espejismo, y que son demasiado importantes y presentes hoy en día, tanto en el cine y la televisión, como en la publicidad. En primer lugar, la idea de la promesa como pilar del espectáculo y como estímulo del placer anticipado nunca sublimado. En segundo lugar, la continuidad del espectáculo con la realidad, que rompe los límites entre la ficción y lo real, que genera atrofia creativa y que dicta lo que el individuo debe suponer o desear. En tercer lugar, la sádica sensación de poder ser o hacer lo que se ve en la pantalla, gracias a la idea de las posibilidadedes y las probabilidades, pero que al mismo tiempo se muestra como inalcanzable para el individuo detrás de la pantalla, y que por tanto lo hace igual que a todos los demás en cierto estado de indefensión. Esto desemboca entonces en lo que Adorno menciona como el placer de no pensar en nada y olvidarse del sufrimiento, aunque este se ponga de manifiesto. El espejismo consiste pues en dar la sensación de libertad cuando no existe ninguna, de generar la idea de placer cuando lo que lo configura no depende de deseos propios del individuo, y de no definir una frontera clara entre la capacidad y potencia real del individuo y sus capacidades imaginadas y ficcionarias. Para ejemplificar este aspecto, quiero analizar la siguiente situación, que veo muy relacionada con la producción de subjetividad de las industrias culturales y de la absorción que hacen de cualquier posibilidad de resistencia ante la sociedad de consumo:
Es innegable en la última década la presencia de un interés por la responsabilidad social y ecológica en el consumo. Nunca antes, tantos trabajos cinematográficos de ficción o de carácter documental, ni tantas estrategias publicitarias tanto de productos como de servicios, habían hecho como centro de sus enfoques y argumentos, la responsabilidad en el consumo, la búsqueda de la sostenibilidad, el respeto por las culturas, la no explotación de estas en nombre de la globalización, el respeto por la diferencia y las minorías, y el cuidado por el medio ambiente. Actualmente, la necesidad de hacer cambios en los hábitos de consumo y de ser más conscientes de nuestra responsabilidad con la sostenibilidad de nuestras sociedades y de nuestro planeta, no es una ficción. Sin embargo me lleno de dudas cuando pienso en el real potencial de cambio que puedan tener los mensajes de las industrias culturales en pro de dar respuesta a estas necesidades. ¿Pueden las industrias culturales, realmente contribuir a la sostenibilidad de consumo?, o ¿son estas nuevas apuestas, no más que estrategias publicitarias que siguen soportando el modo de producción insostenible en el que vivimos, mediante “absorciones” de posibles resistencias de individuos que empiezan a pensar de forma distinta?. ¿Son estas “absorciones”, creaciones de subjetividad que permiten que los individuos se sientan tranquilos y minimicen su sentimiento de culpa, impermeabilizándolos de cualquier posibilidad de disminución en el deseo y en el consumo?. Pensemos por ejemplo, que hay realmente de resistencia y que hay de falsa “conciencia” de sostenibilidad cuando compramos una línea ecológica de un producto, aunque este tenga un sobrecosto, o cuando decidimos mercar en bolsas de lona en reemplazo de la bolsa plástica, que la misma cadena de supermercados nos vende por un valor nada bajo, o cuando vemos una película como “diamantes de sangre” que denuncia la degradación humana y la violencia rentable alrededor de la explotación de los diamantes en Africa, o una película taquillera como “Avatar” que de una forma metafórica manifiesta la inconsciencia depredadora del ser humano, pero que a la vez se convierte en una de las películas mas caras de la historia mientras medio mundo aun muere de hambre? ¿Es este el fenómeno del espejismo que tan bien describe Adorno, aquel en el que se satisface la necesidad de la nueva responsabilidad del individuo, pero que no pasa de la impresión del contacto con la realidad como si no fuera más que ficción de pantalla?.
Esta problemática que tiene mucho que ver con la lógica de las industrias culturales hoy por hoy, se convierte en un tema de mucho interés para mi, y textos (tanto escrito como audiovisual), me han permitido articularlo desde un punto de vista teórico y crítico.
